viernes, 8 de febrero de 2008

"León y Castilla en el País de las Maravillas"

Alicia en el País de las Maravillas. ¿En qué difieren ciertas reuniones parlamentarias, de la merienda con el Sombrerero Loco? [Ilustración de John Tenniel, para Editorial Mac Millan, 1865].

Alicia en el País de las Maravillas, sus enloquecidos personajes se parecen mucho a nuestros políticos ¿O es al revés? [Ilustración de Lola Anglada, para Editorial Juventud, Barcelona 1927].
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6 de febrero de 2008, el Diario de Sesiones de la Junta de Castilla y León recoge la propuesta de un partido político, en la oposición, para poner en marcha un “Plan de limpieza, consolidación y mantenimiento de los monumentos en estado de ruina” en dicha comunidad. También recoge, el rechazo a tal propuesta por parte del partido gobernante. Bueno, hasta ahí cosas de la dialéctica política. “Normal”. Lo increíble es que, también, quedaron recogidas las razones para tal rechazo, aducidas por el portavoz de Cultura: “En Castilla y León no hay ningún monumento en ruina”. Lo dijo, y se quedó tan tranquilo. Ergo, el informe de Hispania Nostra y su lista de monumentos en peligro son una entelequia. Lo que a cada paso fotografiamos, un espejismo. Aquello que denunciamos, puro vicio.
Así visto, Castilla y León es un País de las Maravillas. Por ello, las reuniones de sus políticos pueden equipararse a la “Merienda de Alicia”, con su Liebre de Marzo, su Sombrerero Loco, su Lirón Soñoliento... Todo es disparatado, todo está al revés, pero a unos, los que tienen la sartén por mango, eso les parece lo “normal”, mientras que quienes piensan de otro modo, sin sartén y sin mango, están maniatados por su minoría.
¿Hasta cuando vamos a merecernos los políticos que tenemos? ¿Deberemos gritar, como hace la Reina de Corazones, en el País de las Maravillas? “¡Que les corten la cabeza!”
A quien corresponda: "Mándele copiar cien veces, esas cosas no se hacen". Item mas, sea puesto el "Portavoz de Cultura" en picota y cepo, por haber demostrado carecer de la segunda parte de su título, y despojado sea de gollerías y privilegios hasta que hubiere demostrado arrepentida contricción, por su desafuero, que raya en "lesa majestad".