sábado 4 de julio de 2009

¡Bienaventurados los pobres de espíritu! ¿Encima eso?

En pleno Camino Jacobeo, el templo de Santiago, en Villafranca del Bierzo, es una joya románica, especialmente por su portada sur, que auna belleza y simbolismo. No obstante, su interior, también contiene elementos de interés. Elementos que, por desgracia, solo podremos llevar en nuestra memoria cuando partamos, puesto que no nos consentirán en modo alguno llevarlos de otra manera que en el recuerdo.
Y es que aquí hay mucha pobreza, empezando por algunos "pobres de espíritu"...
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Porque esta parroquia, es una parroquia humilde... A pesar de los numerosos peregrinos que por ella pasan, los bienes materiales escasean, ¿será que aquí solo acuden "peregrinos que no tienen donde caerse muertos"? Porque el párroco no dispone de dinero para costerse un letrero en condiciones, un letrero elaborado al menos en ordenador y plastificado.
Sin embargo, la humildad y pobreza, ha sido suplida con laboriosidad voluntariosa. Sobre un sencillo folio, donativo de algún feligrés pudiente, y con modesto bolígrafo cedido por donante anónimo, se ha podido estampar el undécimo mandamiento de la Ley del Dios:
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"¡No fotografiarás los templos de Dios en vano! Porque yo Yahveh, soy un dios celoso, que castigo la maldad de los que me fotografían, de padres a hijos, hasta la séptima generación..."
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Por si la prohibición de utilizar cámaras capta-imágenes fuese poca cosa, un voluntario -siempre hay voluntarios para la intransigencia integrista- ha escrito, debajo, con lápiz: "No hablar".
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A quien corresponda. Vaya a picota y cepo, por un año y un día, a que lo alimenten con pan y agua, mientras ve pasar los peregrinos que se dirigen al Camino Jacobeo, donde deseamos que usted nunca ponga los pies hasta haberse redimido de todos los pecados cometidos en el ejercicio de su cargo.
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Salud y fraternidad.

domingo 28 de junio de 2009

¿Estupidez divina... o divina estupidez?

La “bella leonesa”, Pulchra Leonina, como denominan a la Catedral de León, es una muestra más de la conducta, “neurótica” y “bipolar”, de las autoridades encargadas de gestionar el patrimonio cultural celtibérico. Un patrimonio que, seglar o laico, se subvenciona con fondos públicos salidos de nuestros impuestos. Impuestos que, a la hora de ser adjudicados y recibidos, a nadie le importa de que ideología o creencia proceden, aunque quienes los pagamos tengamos de ambas o carezcamos de ellas, o sean opuestas a las de los receptores.
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En sus puertas encontramos el horario de servicios religiosos, en las parroquias de toda la ciudad, y superpuestos a esta información aparecen los maléficos círculos rojos, enmarcando la cámara de fotos y la de vídeo como instrumentos satánicos. Solo falta el ángel, con la espada ígnea, presto a arrojarnos del “paraíso” si osamos tomar de estas frutas prohibidas.
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Por si tuviéramos tentaciones, de hacer caso omiso de tales prohibiciones, se nos advierte en letrero anejo, que el recinto de la Catedral está “protegido por cámaras de CCTV”. O sea, que si queremos hacer fotos “de tapadillo” seremos descubiertos y filmados.
La parafernalia disuasoria, se complementa con un guardia de seguridad, que sale a recibirnos, nada más traspasar las puertas del templo y ver las cámaras que cuelgan de nuestros cuellos, para recordarnos las prohibiciones colgadas en las puertas.
Lo curioso es que hemos hecho numerosas fotos al interior del templo, en los años 1974, 1981, 1990 y 2000. Es decir, durante esos 26 años a nadie molestó que los turistas hicieran fotos dentro de la catedral, sus flashes no estropearon la piedra, ni estorbaron a los fieles que oraban. Sin embargo, ahora, es... ¿Qué es? ¿Cuestión de “seguridad”?, ¿de “conservación”?, ¿de “prepotencia”? ¿Divina estupidez?
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No obstante, para dejarnos más perplejos, cuando visitamos la Colegiata de San Isidoro, resignados ya a no obtener imágenes de su interior... Resulta que, en la puerta, no estaba el símbolo de prohibición, y tampoco en el interior, ni había “seguratas” admonitorios. ¡Podíamos hacer fotos libremente! ¡A nadie importaba que disparásemos nuestras cámaras, tanto cuanto quisiéramos!
¿Es que la piedra de un edificio es más “sensible” que la de otro a nuestros “disparos”? ¿Es que el “Dios” de este templo es más permisivo que el “Dios” de aquel templo? ¿O será que en los templos no habita “Dios”, sino tan sólo los “mercaderes”?
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A quien corresponda: Aunque sea tropezar en la misma piedra, una y otra vez, le pedimos que reconduzca la nefasta, y anárquica, política “fotográfica” vigente en los monumentos celtibéricos. Porque a los amantes de la fotografía y el arte, ¿qué nos queda? ¿Quizá echarnos al monte, formar comandos armados de cámaras, transformarnos en guerrilleros fotográficos? Mientras reflexiona, vaya a picota y cepo, donde será fotografiado día y noche hasta que la luz de los flashes lo enloquezca.
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Salud y fraternidad.

sábado 13 de junio de 2009

¡Desván Histórico Artístico Nacional!

El templo de Santa María del Vizbayo, en Otero de Vizbayo (León), que ya es casi un barrio de Ponferrada, fue declarado “Monumento Histórico Artístico Nacional”, desde 1982. Pero no se hagan ilusiones, desde el s.XI acá los despropósitos han menudeado sobre este edificio.
En los años 70 del pasado s.XX, el párroco hizo cerrar el cementerio mediante una tapia, pegada al ábside, a base de grises ladrillos de hormigón coronados por alambre de espino, con una estética en el mejor estilo de los almacenes de chatarra. Tapia que no ha impedido los robos de imágenes, ni las profanaciones de tumbas, pero ha servido de mural sobre el que los grafiteros ejerciten su “arte popular”.
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Sin remontarnos a “reparaciones” anteriores, en 1916 se hundieron las bóvedas de presbiterio y ábside, en cuya chapucera reconstrucción “se perdieron” los hermosos canecillos románicos esculturados –excepto dos-. Todo se recompuso con prisas, sin miramientos, de forma que desaparecieron elementos preciosos que habían sobrevivido durante siglos.
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La antedicha tapia, y su “corona de espinas”, tampoco han incitado a la mejor conservación del cementerio que presuntamente protege. Hay enterramientos francamente deteriorados, y otros en un estado de lamentable abandono. Por supuesto, siguiendo una acrisola tradición celtibérica, a pesar de haber sitio de sobra, las tumbas se pegan pertinazmente a los muros del templo, como si con ello esos difuntos fueran a alcanzar la gloria unos minutos antes que los más alejados, o su gloria fuese a resultar más gloriosa.
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Y, sí, han visto bien, no se froten los ojos. El ábside está triunfalmente “condecorado” con la surrealista mansarda de un desván. ¿Alquilarán esta buhardilla para sufragar los gastos parroquiales, vista la escasez de vivienda y cómo están los alquileres en los tiempos que corren?
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Por la preciosa ventana absidal, ejemplar único, que no se han privado de estropear agrandando sus estilizados vanos, salen cables que corren y se enredan por el tambor de la cabecera, como un anuncio de lo que vamos a encontrar en su interior.
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Interior, al que se accede por una portada sin duda digna del mejor y más afamado “Monumento Histórico Artístico Nacional”: malamente encalada, cubierta de suciedad, llena de grafitos y obscenos chorreones de mugre.
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Un interior indescriptible... ¡De pesadilla! Porque así, a bulto, todo parece normal, pero no hay más que fijarse en los detalles. ¡Y que detalles! ¡El sueño loco de un interiorista kich!
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Lo primero, esos “santiños”, que han de ser de gran devoción, no lo dudamos, y por ello merecen todos nuestros respetos, pero cuya conservación, exposición y distribución no ayuda a mejorar sus calidades estéticas. Más que el ábside de un templo, aquello parece desván de chamarilero, donde los posible méritos de las esculturas desaparecen entre el desaliño general.
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Luego esa vidriera, trans-post-modernista, por parte de padre, y abstraccionista geométrica, por parte de madre, “a juego” con las dos arañas barrocas -las lámparas quiero decir, porque las arañas naturales también abundan-, que escoltan al Nazareno, quien, lógicamente, inclina su rostro sintiendo vergüenza ajena. Mientras, el bueno de san Francisco abre sus brazos en gesto de impotencia, como si preguntara: -“¿Por qué Señor, por qué nos has abandonado en este garito...?.
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El santo de Asís, tiene variados motivos para ese gesto desolado. Bajo sus pies corre una imposta malamente recompuesta, pintarrajeada como el rostro de una prostituta vieja, sobre la que reposa un foco dorado. Foco que no es tal, sino un “aplique” de pared, reconvertido para la ocasión, y “aplicado” al “como salga” sobre unas paredes a las que se ha medio-quitado la capa de cal, por el método de picar y repicar sin miramiento los vetustos sillares.
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La maraña de cables, bomba de relojería sin marcha atrás, se extiende por todo el templo. Sube por las bóvedas, desciende por las encaladas paredes, se enreda en repintadas ménsulas, puertas y escaleras... Cables que corren a tontas y a locas por el recinto, empalmados, en el mal sentido del término, a base de esparadrapos que están pidiendo a gritos un chispazo y el consiguiente incendio. Hoguera purificadora que, solo por milagro divino, todavía no se ha producido.
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Finalmente, la pila bautismal románica, gallonada, sencilla y honesta, ha sido profanada con esa blasfemia de coloretes, más propios de una daifa venida a menos que de un objeto sagrado. Repintes, que producen una pena infinita en cualquier espíritu medianamente sensible.
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Y sin embargo, aquí, suprema neurosis celtibérica, no está prohibido tomar cuantas fotos queramos. Es como si las autoridades “competentes”, añadiendo la burla a la injuria, se huibiesen puesto el mundo por montera, para presumir de su incompetencia con luz y taquígrafos...
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A quien corresponda. No se moleste, no gaste energías, tiempo y dinero de los contribuyentes, en declarar “Monumento Histórico Artístico Nacional” ningún edificio del que luego, una vez acabada la ceremonia oficial y haber posado para las fotos de prensa, se va a desentender miserablemente. Desde 1982 hasta hoy han transcurrido veintisiete años, veintisiete, de la afamada ganadería del padre Cronos, y el templo del Vizbayo está así desde entonces. El tiempo ha pasado por el, sin pasar a través de el.
Póngase ya a la faena, ordene y mande, que eso se le da muy bien, la rehabilitación integral del monumento antes que los cables y las humedades nos den un susto, o algo peor. Mientras se decide a actuar, vaya a picota y cepo por el tiempo que tarden esos coloretes en desaparecer por degradación natural.
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Salud y fraternidad.

lunes 8 de junio de 2009

“Tejados de vidrio...”

Santos Cornelio y Cipriano, Revilla de Santullán (Palencia).
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Estamos completamente de acuerdo en la protección de los bienes culturales, pero sin que la misma atente a la integridad y homogeneidad del bien protegido, pues eso sería, en palabras del refranero: “Hacer un pan como unas tortas”, es decir obtener un resultado viciado, contrario a lo que se pretendía.
Ese es el caso, cuando la actitud “protectora” intenta desarrollar alguna buena idea sin haberla comprendido por completo.
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En el templo de los Santos Cornelio y Cipriano, en Revilla de Santullán, la fachada sur tiene adosado un recinto cerrado, cuyo origen pudo estar en una desaparecida galería porticada. El caso es que, este espacio, ha protegido la magnífica portada durante varios siglos permitiendo que llegue hasta nosotros en perfecto estado. Cuando se llevó a cabo la última restauración, se pensó que era más económico y aportaba mayor belleza, a dicha portada, la luz natural que la artificial. Por tanto, en el tejado de la estancia, se abrió un largo vano ocupado por un material traslúcido, que deja caer sobre la portada una suave luz cenital.
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La solución es simple, no afea o desentona del conjunto y, amén de ahorrar en energía eléctrica, resalta las cualidades estéticas de la piedra que protege. Podemos decir que se trata, de una “idea luminosa”.
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San Pelayo, Arenillas de San Pelayo (Palencia).
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Visto lo acertado de la anterior solución, en el templo de San Pelayo, en Arenillas de San Pelayo, se intentó algo similar aunque sin contar con los mismos elementos.
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El problema es que aquí no existía espacio protector previo, ante la portada sur, por lo que hubo que crearlo. Para ello se montó una sencilla estructura, a base de un marco sobre dos pies derechos, que soportan una gran lámina transparente que deja escurrir el agua y protege las deterioradas imágenes de la portada.
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Lo malo es que dicha estructura, cuyo material no sabemos si es metal que imita madera, o madera que parece plástico, o plástico que parece metal que imita madera, ha sido colocada de forma que desentona completamente del conjunto. Si de lejos ya nos choca, de cerca se asemeja a unos andamios que, por su escasa altura e inclinación, entorpecen la visión de conjunto de una bella portada que merecía algo mejor. Además, dichas estructuras, han sido empotradas en los muros mediante piezas de metal y tornillería, elementos que no han de hacer mucho bien a la piedra. Si la intención era buena, que nadie lo duda, el resultado es completamente dudoso.
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La Asunción, Lagunas de Somoza (León).
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A escala más modesta, la idea, la dudosa idea, se ha repetido en el templo de La Asunción, en Lagunas de Somoza (León). Allí, sobre su rescatada portada norte, empotradas sobre los canecillos, han puesto unas escuetas vigas de madera que soportan la reducida pieza traslúcida.
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Sobre la fealdad y dudosa utilidad práctica del invento, hay que añadir que el “cristal”, o “metacrilato”, o lo que quiera que sea, se encuentra agrietado, no sabemos si por obra y gracia del clima o las pedradas de la chiquillería. Pero dicho desperfecto no es de ayer, visitamos el lugar un 16 de abril de 2000 y ya estaba así, volvimos el 5 de abril de 2009, al cabo de nueve años, y tal elemento se encuentra todavía más agrietado. Lo que implica, de nuevo, abandono y falta de mantenimiento.
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A quien corresponda: recuerde que “Quien tiene tejado de vidrio, no ha de tirar piedras al de su vecino”. Por ello, procure enmendar sus yerros, no siga consejos de “restauradores de diseño”, sino de profesionales cualificados, porque proteger no es “crear”. Quienes deseen instalar neo-elementos, que dejar como impronta contemporánea de su “arte”, háganlo en los núcleos modernos de ciudades y pueblos, pero no en los edificios históricos, bastardeando un Arte que ellos no han sido capaces de crear y cuyo espíritu parecen ser incapaces de comprender. Y usted, vaya a picota y cepo, sin tejadillo que lo proteja de los elementos, hasta que entienda que prostituir el patrimonio histórico no es la mejor manera de hacer Historia.
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Salud y prosperidad.

domingo 17 de mayo de 2009

¡Sierpe Rupiana, regresa y devóralos...!

Ermita de la Santa Cruz, Montes de Valdueza (León), 4 abril 2009.
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En el leonés Valle del Silencio, que citamos hace poco en referencia a Peñalba de Santiago, se encuentra otro pueblecito con gran sabor medieval. Hablamos de San Pedro de Montes, lugar nacido al abrigo del Monasterio, que da nombre al pueblo, fundado por san Fructuoso en el s. VII, sobre una escarpada ladera frente a un viejo castro celta. A la entrada del caserío, un poco apartada, estaba la humilde ermita de la Santa Cruz, elevada sobre la roca en que san Fructuoso se retiraba para hacer oración.
En este mágico enclave cuentan una antigua conseja, conocida como “Leyenda de la Sierpe rupiana”. Resumida, viene a decir que, al fondo de la barranca por donde corre el río Oza, a los pies de la ermita de la Santa Cruz, en una gran caverna, vivía un espantoso monstruo, cruce de dragón y serpiente, con un solo ojo. Tanto era el tamaño de la Sierpe Rupiana que, cuando su cabezota alcanzaba la ermita, su cola todavía se hallaba en el interior de la cueva allá abajo junto al río.
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Dicho espanto de la naturaleza, se alimentaba del ganado de aldeanos y monjes, pero al escasear por su insaciable apetito, el temible monstruo continuó banquete con seglares y clérigos, hoy uno, mañana otro. Se reclamó la presencia de san Fructuoso, que estaba en eremítico retiro, y este tramó lo que sigue: los monjes confeccionaron una enorme hogaza de pan, a base harina de castañas, amasada con orujo y jugo de tejo, que dejaron en la puerta de la ermita. La sierpe comió el cebo, quedó adormecida, y aprovecharon para clavarle en su único ojo una gran estaca de castaño, bien afilada y calentada casi al punto de ignición. El monstruo se retorció, dando coletazos que derribaban robles centenarios y desprendían peñascos como casas, hasta refugiarse en lo más profundo de su cueva, donde murió con los sesos consumidos por el calor.
Los lugareños afirman que unas figuras ondulantes, en los relieves de la ermita de la Santa Cruz, aluden a este episodio. Por desgracia, ya no podemos comprobarlo...
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Donde antes se encontraban dichos relieves, hoy solo queda una terrible herida que, justicia poética, nos recuerda el destrozado único ojo de la Sierpe Rupiana.
Esta ermita no es la original, sino una levantada en 1723, poco más debajo de la anterior, y en la que se reutilizaron groseramente algunos fragmentos escultóricos de la primitiva. Tales elementos, del año 905 y origen visigodo-mozárabe, fueron sustraídos miserablemente, el domingo 3 de marzo de 2007. Bueno, para ser precisos, fue robada una lápida fundacional de la ermita, que estaba a punto de ser exhibida en la edición ponferradina de Las Edades del Hombre, aunque para el caso es como si hubiesen “afanado” todo el conjunto. El presidente del Consejo Comarcal del Bierzo, Ricardo González Saavedra, culpó del robo a la Junta de Castilla y León por la falta de vigilancia. A su vez, la vicepresidenta de la Junta, María Jesús Ruiz, arremetió contra el delegado del Gobierno en la comunidad, Miguel Alejo, por entender que debía ser este el garante de la seguridad del patrimonio histórico artístico. [Ignoramos si el delegado la emprendió con el conserje, éste, a su vez, la tomó con su mujer, y ella lo pagó con el perro...]
A raíz de esta controversia, con la iglesia hemos topado, el obispado decidió desmontar las piezas restantes y ponerlas en custodia en la basílica de Nuestra Señora de la Encina, de Ponferrada, hasta que en Montes de Valdueza se pudiera garantizar un mínimo de seguridad. O sea, “ad calendas Graecas”.
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Las piezas visigodo-mozárabes el 17 de abril de 2000.
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Por suerte visitamos y fotografiamos el conjunto hace nueve años, cuando todavía unos no habían decidido robar parte, ni otros salvar el resto, por el mismo procedimiento: llevarse las piezas. Allí estaban, su lápida fundacional, a la izquierda, junto con otros fragmentos ornados con entrelazos ondulados y rosetas, todo ello sirviendo de improvisadas jambas y columna, para otra piedra con dos arquillos incompletos, que serían de herradura, sobre la que se sitúa la mejor pieza: un cuadrado en el que se inscribe un crismón “asturiano”, formado por cruz paté con el Alfa y la Omega, cuyo fondo tiene restos de pintura roja.
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A quien corresponda: déjese de culpar a otro, que a su vez culpa a otra, que luego culpa al de más allá. Y en vista de que, al menos de momento, la cosa no tiene arreglo, haga de lo hecho pecho. Admita que lo de la vigilancia es cuestión peregrina, si no imposible, y puesto que volver a traer las piezas a Montes es imprudente, al menos haga una reproducción en piedra artificial, como se hizo con ciertas esculturas de diversas catedrales, y colóquelas en su lugar original. Las piezas auténticas estarán a salvo, a ser posible en el Museo de león, donde sean visitables, y los peregrinos, porque espíritu peregrino hay que tener para visitar tales lugares, podrán gozar de la contemplación in situ de estas joyas del primer medievo, aunque sean copias. Y ya de paso, aproveche para restaurar el interior de la ermita, pues viendo en que estado se encuentra, no nos extraña que los “cacos” pensaran que hacían un favor con retirar tan ricas piedras de este ruinoso y polvoriento desván. Si no lo hiciere, vaya a picota y cepo, con el deseo de que el espíritu de la Sierpe Rupiana lo acose cada noche hasta que repare el desaguisado.
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Salud y fraternidad.

viernes 15 de mayo de 2009

¿“Bien de Interés Cultural” o “Bien de Interés Basural”?

Robles de Laciana es un pequeño pueblo de la montaña leonesa, frontero con el reino astur al que se accede por el vecino Puerto de Somiedo. Su parroquial, de Santo Xuliano, fue templo de un pequeño monasterio, desaparecido. Un epígrafe, junto a la puerta, dice fue consagrado en 1090, lo que le convierte en el más antiguo del Valle de Laciana. El sencillo edificio románico, todo en mampostería de pizarra, sin decoración, ha sido recientemente restaurado y declarado “Bien de Interés Cultural”.
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Este “reciclaje” ha librado al templo de la ruina, pero no de esa plaga moderna, que es la manía de amontonar los cubos de basura y contenedores de reciclaje, en lugar bien visible, junto a los monumentos más destacados de cada lugar.
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No conformes con eso, aquí han rizado el rizo. Cubos y contenedores, asedian, rodean y escoltan el cartel explicativo que, con motivo de su declaración como “Bien de Interés Cultural”, se instaló para informar de las características del monumento.
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Pero no creamos que este despropósito sea privativo de pequeños pueblos montañeses, donde alejados de toda civilización, “presuntamente” escaseen la cultura o el amor al arte y a los “bienes culturales”, porque también en grandes ciudades, centro de esa civilización, donde “presuntamente” abundan la cultura y el amor al arte y al “Patrimonio de la Humanidad”, se repite punto por punto el disparate aludido. Ahí está el magnífico, el enorme, templo románico de San Millán, en Segovia capital, bien cercado por cubos de basura junto a los cuales, lógica precaución, está prohibido estacionar...
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A quien corresponda: En este tiempo de crisis, nosotros vamos a poner nuestro granito de arena para crear puestos de trabajo. Ya hemos encargado a sendos talleres, de cantería y carpintería, una elevada cantidad de picotas y cepos, para ampliar nuestro servicio. El cual, en breve, esperamos sea declarado “Bien de Interés Público” y dotado de vigilantes jurados, al par que juramentados. Porque a causa de la ineptitud e irresponsabilidad de las autoridades “competentes”, con una sola picota y cepo ya no tenemos bastante para atender a nuestra selecta clientela.
Así pues, vayan usted y sus incompetentes sayones, a “picotas y cepos”, por tiempo indefinido, hasta que solucionen el problema de los residuos urbanos y su incompatibilidad con los monumentos, patrimonio de una época quizá menos limpia pero también menos guarra.
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Salud y fraternidad.

viernes 17 de abril de 2009

“¡Manos que no dais! ¿Qué esperáis?”

En la aterradora Sierra del Teleno (2185 m.), al fondo del leonés Valle del Silencio, que los eremitas medievales del s.X convirtieron en su “Tebaida”, se encuentra Peñalba de Santiago. El eremitismo derivó en comunidad monástica, se levantó un templo mozárabe en 1105, y allí recibió sepultura el “druídico” san Genadio.
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El impresionante lugar, se encuentra a “tan sólo” 22 kms de Ponferrada. Pero vaya kilómetros, parecen estar hechos de diez mil metros cada uno: curvas y contra curvas cerradas, cuestas empinadas, asfalto no muy regular, a un lado el monte cerrado y al otro el precipicio abierto. Si no eres loco profesional, o suicida aficionado, se tarda casi una hora en llegar. Aunque camino, paisaje, pueblo y templo merecen el esfuerzo.
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Sin embargo, nada más llegar a las puertas del templo, la “Junta de Castilla y León” nos da la bienvenida con un bonito: “Prohibido el acceso al campanario”, o sea, la espadaña. Cosa que está bien, pues hay personas irresponsables que van por ahí cayéndose de los campanarios y demandando luego a quien se les ponga por delante. Y aunque nosotros no pensábamos “acceder” a tan peligroso lugar, el cartelito, único en su especie, nos dio ya muy mala espina.
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En efecto, nada más cruzar el mozárabe umbral, nos saltó a los ojos el siguiente prohibido, esta vez anónimo y sin palabras. El maligno símbolo de la cámara, dentro de un círculo y cruzada por una raya, nos amenazaba en blanco y negro. Amenaza respaldada, por la persona encargada de recibir a los visitantes. Aunque lo más surrealista no era la “tópica” prohibición, sino el cartelito que cuelga bajo ella.
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Su lectura nos deja perplejos. ¿Es que este templo, Monumento Histórico Artístico desde 1931, no recibe subvenciones ni para pagar la luz? ¿En vez de pedir limosna, no sería mejor cobrar un euro, simbólico, por la entrada? Claro que, tanto para dar limosnas como para pagar precios simbólicos, hay que sentir simpatía hacia quienes solicitan tales dádivas. Y el cartel, prohibiendo hacer fotos, más su reiteración de palabra por el guardián, elimina cualquier atisbo de simpatía por nuestra parte, matando en nosotros la semilla de la buena voluntad.
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A quien corresponda: ¿No le da vergüenza que, un Monumento Nacional, se ilumine para los visitantes a base de limosnas? Ponga pronta solución a tal despropósito, y al de hacerse 22 kms por una carretera de montaña –a la que el calificativo de “carretera” ya le resulta piadoso- para luego no poder tomar fotos de esta joya. No es por meter cizaña, pero quizá al antiguo Reino de León, y a sus monumentos, les iría mejor si éste volviera a ser autónomo, sin depender de usted y de Castilla la Vieja con sus viejas malas mañas. Entre tanto, vaya a picota y cepo por tiempo indefinido, a que lo coman las moscas.
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Salud y fraternidad.

martes 31 de marzo de 2009

Córdoba 2016: Apostilla con remoquete...

Si consultan la entrada anterior, recordarán el extraño cartel que, con horarios y prohibiciones, campea sobre la puerta del templo románico cordobés de Santa Marina de Aguas Santas.
Es tan alucinante, que en el primer análisis se nos escapó un detalle, no menos curioso que el de prohibir "comer y beber" dentro del recinto sagrado.
Se trata de la prohibición de orar en el templo. ¿Que somos absurdos y traemos las cosas por los pelos? Nada de eso, lean, lean:
"Horario de visita exclusivamente turística".
Es decir, si es "exclusivamente turística", el término "exclusivamente" quiere señalar que no se pueden realizar otras actividades, salvo las propias del término "turístico".
¿Quiere eso decir, que si a algún turista "se le escapa" una oración, plegaria o súplica, durante la visita, será multado y/o expulsado del templo?
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A quien corresponda: Mande sustituir a ciertos "vigilantes", con mentalidad de "portero de discoteca", que controlan de malas maneras el cumplimiento de las normas en los templos, a los cuales hay que pagar por acceder en horario turístico, para no poder ejercer el "derecho turístico" de fotografiar. Pero por favor, mantenga usted en sus puestos a quienes redactan las notas sobre dichas normas, para que sigan obsequiándonos con estos surrealistas modelos, ejemplos soberanos de estulticia, que enriquecen el acervo cultural popular. Si no lo hiciere vaya vuecencia a picota y cepo, hasta que en todos los templos celtíberos puedan tomarse fotos libremente.
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Salud y fraternidad.

miércoles 25 de marzo de 2009

El sur, también existe...

El proyecto llamado Ciudad Europea de la Cultura, nace en 1985, y la primera ciudad celtibérica elegida, en 1992, es Madrid. Cambia su nombre, en 1999, por el de Capital Europea de la Cultura, y en este nuevo ciclo son designadas Santiago de Compostela, en 2000, y Salamanca, en 2002. Para 2016, se presentan catorce candidatas celtíberas, entre ellas Córdoba.
Si las autoridades competentes pretenden que la ciudad califal, que merecidamente ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad, tenga alguna posibilidad en esa candidatura europea, deberían ir pensando en cambiar su anárquica mentalidad cultural por otra más coherente. No es de recibo que, en una trayectoria generalmente buena, se introduzcan manchas, “por descuido”, si tenemos en cuenta el alto honor que pretenden. Para muestra valgan dos botones, que sirven por una cremallera.
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Templo de San Lorenzo, arriba sus cubos diseño "Barrio Sésamo", y abajo los de diseño "glamour pijo".
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Hace poco, denunciamos los “contenedores de residuos urbanos” situados ante el templo de San Pedro –que, se pongan como se pongan, son vulgares cubos de basura-. Bien, pues se acaba de restaurar magníficamente el templo tardo-románico de San Lorenzo, pero como a las “autoridades competentes” les parecía que faltaba “algo”, también se han “restaurado” sus cubos de basura. Además por duplicado, unos de diseño “glamour pijo”, en la fachada norte, y otros de diseño “Barrio Sésamo”, ante el jardincillo de su fachada oeste. Como guinda, a este pastel, la imprescindible señal de tráfico.
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Templo de Santa Marina de Aguas Santas.
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El tema de cubos y señales de tráfico, ante los monumentos cordobeses, con ser sangrante, no es el peor obstáculo que vemos para sus pretensiones culturales europeístas. Lo peor es la “mentalidad de cortijo”, de ciertos párrocos “tridentinos”, que dictan a su antojo las normas para visitar los monumentos: el dueño de cada “cortijillo” puede hacer y deshacer, a su gusto, sobre las condiciones para acceder al templo correspondiente. Y la “autoridad laica competente”, debe ser cómplice, por acción u omisión.
. Templo de Santa Marina de Aguas Santas, otro ejemplo de románico-tardío, estamos en marzo y es sábado, son las 11,10, por tanto nos encontramos dentro de fecha y horario. Sin embargo la puerta permanece sospechosamente entornada, al acercarnos vemos que nos impiden el paso un cordón, y un atril que sostiene los textos que describen, en castellano e inglés, las características del templo. Barrera, al parecer, instalada para que no entren los turistas de forma “incontrolada”.
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Además, hay unos folletos con la “Ruta Fernandina”, promoción turística que han creado a base de los templos tardo-románicos, más o menos restaurados, que existen en la ciudad. Aunque como en otras muchas cosas, hay en ello más de auto-bombo que de verdadera intención cultural. A las pruebas nos remitimos.
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Grandes carteles, como este, anuncian a bombo y platillo las diferentes rutas que pueden seguirse para visitar los templos medievales de Córdoba. ¡Pero, mucho ojo, que el lobo deja ver sus orejas bajo la piel de cordero!
Sobrepuesto a este cartel, hay uno tamaño folio, con los correspondientes horarios de visita, en cuya base destacan unos círculos rojos de prohibido. ¡Entonces, salta una alarma en nuestro cerebro!

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Además de los cubos de basura, y las señales de tráfico, no podían faltar en la “Ruta Fernandina” las prohibiciones de rigor. ¿Cuáles? Evidentemente, una absurda y otra más absurda.
La “absurda”, por supuesto, es la de la izquierda. Uno no sabe si se han equivocado y al querer anunciar una cafetería han confundido las señales: se prohíbe -suponemos- comer y... ¿beber? Cuchillo y tenedor, dan a entender lo de la comida, pero ¿y la taza, que significa? Cierto que hay “gente pa’tó”, pero ¿tantos cientos de personas entraban al templo, comiendo y bebiendo, como para tener que prohibirlo? Mira que hemos visitado “cienes y cienes” de templos, por toda celtiberia, y es la primera vez que vemos una prohibición de este tipo.
La “más absurda”, evidentemente, es la de la derecha. ¡Nada de fotos, faltaría más, que carencia de respeto por un lugar sagrado!
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Eso sí, al lugar sagrado, como es en “horario turístico”, solo se puede acceder “con ticket”, es decir pagando 1 € de vellón. Claro que de esto te enteras cuando, tras asomar la cabeza por la rendija, luchando por no derribar el atril y romper el cordón, que más que barrera es “aduana”, logras ver a un cancerbero y le preguntas con timidez si se puede visitar el templo.
Su primera información consiste en recabar el pago del € por barba, y la segunda, sin que nadie le pregunte, anunciar que está prohibida la toma de fotografías. Debe ser, que se nos traslucían las “nefandas intenciones fotográficas” en el rostro. Inútil luchar contra molinos de viento, por mucho que le argumentamos, permaneció inflexible y fue elevando el tono hasta rayar lo grosero, momento en que desde detrás del cordón enfocamos la cámara hacia la nave, disparamos, y abandonamos el lugar con toda la dignidad que la ocasión requería, sin pararnos a escuchar los improperios que el guardián soltaba en el sagrado recinto.
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Ahora bien, el despropósito de todo lo antedicho no está solo aquí, sino en la comparación con otros templos de la anárquica “Ruta Fernandina”.
En el de San Lorenzo, sus puertas están de par en par, la entrada es libre, gratuita, y además te dejan fotografiar a placer, incluso las pinturas medievales recién restauradas; por descontado, nadie te dice nada sobre comer o beber dentro del templo, eres libre de ser irreverente. En el de San Pablo, las puertas están entornadas como en cualquier templo corriente, una vez dentro hay una mesa con una amable joven, quien con cierta timidez, como si tuviese vergüenza torera, te avisa que debes soltar el euro de rigor, porque “estamos en horario turístico”, por contra también puedes hacer fotos, sin traba alguna, hasta reventar la cámara; aquí tampoco nos impiden comer o beber a placer, cosa que, por otra parte, a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría hacer en semejante lugar. El de San Pedro, está siempre cerrado a piedra y lodo, sin siquiera un cartel que indique horario alguno.
¿Qué pasa, que cada parroquia-cortijo tiene un “Amo” que dicta leyes diferentes? ¿El horario turístico es sólo un truco, para “timarles” los euros a los visitantes? ¿El sacar fotos está al libre albedrío del párroco-“Amo” de turno, porque a unos les parece pecaminoso anatema la acción de fotografiar y a otros no?
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A quien corresponda: Ponga orden en este caos, si el horario es turístico y de pago, permita las actividades turísticas, como son obtener fotografías de piedras que no han de sufrir menoscabo por ello. Coloque vigilantes profesionales del turismo, no profesionales de la prepotencia y el “ordeno y mando”. Si quiere que esta bella ciudad, tan entrañable por muchos conceptos, llegue a ser Capital Europea de la Cultura, comience por tener cultura usted mismo e inculcarla a los escasos, pero poderosos, clérigos integristas que parecen tener la sartén por el mango en algunos templos que, recuérdelo, no son de ellos, sino de los fieles que les dan vida con su asistencia.
Si no hiciere caso, sea llevado a picota y cepo, hasta que recapacite o hasta que la incultura, el integrismo y los fariseos desaparezcan del mapa. Porque el sur también existe, pero sus buenas gentes no se merecen que ustedes existan y las gobiernen.
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[Nota aclaratoria para mal-pensantes profesionales: Quien esto denuncia, no es un “forastero criticón”, sino alguien que vivió en Córdoba durante los años 70, y pasó largas temporadas allí durante los 80, para continuar visitando regularmente la ciudad hasta el presente. Alguien que ama entrañablemente esta urbe, y querría que todo su monte fuese orégano, y fuese oro todo lo que en ella reluce. Quien esto denuncia, no es un ateo irredento, de colmillo retorcido, sino alguien respetuoso con las creencias religiosas de todos. Alguien, que desearía ver más florecimiento espiritual, en los seres humanos, y menos mercaderes dentro del Templo].

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Salud y fraternidad.

lunes 16 de marzo de 2009

Mas vale “Soledad”, que mal acompañá...

Según llegamos a la población soriana de Calatañazor, a la derecha de la cuesta que sube al núcleo amurallado, encontramos la ermita de Nuestra Señora de la Soledad. Un precioso ejemplar románico, obra del Magíster que tantas buenas obras dejó en estas tierras.
Sin embargo, algún “magíster” actual, ha debido considerar que este hermoso templo podía “embellecerse” aún más. ¿Cómo? ¡Colocando ante su ábside unos expresivos carteles de tráfico!
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¿Qué mejor lugar para situar, los indicadores de dirección y demás? Así, cuando los conductores se detengan en el cruce, para cerciorarse hacia donde deben ir, de paso se podrán deleitar con las piedras románicas que hay detrás. Es lo que se llama, “potenciar positivamente la imagen”, pues los carteles “atraen” la atención hacia el artístico templo. A menos que se trate de otra cosa. ¿Será que han querido “amurallarla”, con esas señales, pues se encuentra extramuros?
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A quien corresponda: ¿No había otro lugar más indicado, en el amplio cruce, para situar las señales sin desvirtuar la imagen románica del templo? Haga el favor de reparar este entuerto estético, cosa fácil y barata donde las haya. Si no lo hiciere, sea puesto en picota y cepo hasta que los carteles se caigan de puro oxidado.
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Salud y fraternidad.

sábado 14 de marzo de 2009

“Templo con dos puertas, malo es de guardar...”

Zayas de Báscones (Soria), es ahora tan sólo un enclave agrícola en mitad de los campos sorianos. En un extremo de lo que fuera el pueblo, subsiste el muy remodelado templo románico de Santiago. Ha desaparecido su galería porticada, sustituida por una de madera que le da cierto aire foráneo. En el ábside sobrevive una ventana con capiteles vegetales, sencillos pero de buena factura. Y en el muro sur, malvive su sencilla portada románica, “embellecida” a base de capas de cal.
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Antaño, alguna “cabeza bienpensante” consideró que la portada original ofrecía poca protección. Para subsanar tal carencia, no tuvo mejor idea que adosar una gran “contra-portada”, de madera, sobre la románica. Así, estando cerrada, una ocultaba a la otra. Se trata de un marco sobrepuesto a la piedra, coronado por un gablete semejante al de un retablo, que permite encajar las hojas de la “protectora puerta”.
Lo malo es que, el “ingenioso” artilugio, parece haber salido de un derribo. No es del tamaño adecuado a la portada románica, sino más pequeño, con lo cual no enmarca la obra de piedra, sino que la enmascara, oculta parte de sus arquivoltas, capiteles y columnas.
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Todo ello, con ser malo, no es lo peor. Para anclar el industrioso artilugio al muro, estorbaba la portada que se quería proteger, porque sobresalía de la fachada. Así que, el desnivel, se rellenó con cemento y yeso hasta igualar la superficie donde había de encajar el marco. Se emparedaron de este modo, dos capiteles con sus correspondientes columnas, amén de parte de las arquivoltas.
Esto fue hace varios siglos, antes de que el lugar se despoblase, pero seguramente han de pasar otros varios antes de que alguien deshaga el inútil entuerto.
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A quien corresponda. Le rogamos restituya esta magnífica portada a su estado original, librándola de tan absurda protección que nada protege y mandando sea limpiada de yeso y cal. Aunque pocas esperanzas tenemos, según su manifiesta incompetencia todavía nos conformaríamos con que no permitiese el derribo del templo, visto lo que consintió hacer, en 1993. ¿Recuerda aquellos dos kilómetros de la vía romana del Itinerario de Antonino, próxima al pueblo, que fueron arrasados con “permiso oficial”, por un particular, para roturar varias fincas?
Si no atendiere a razones, sea puesto en picota y cepo, hasta que algún colega suyo conceda permiso a alguien para que arrase sus fincas, cortijos y dehesas, con el noble fin de sembrar patatas.
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Salud y fraternidad.

domingo 1 de marzo de 2009

“Con la sacristía hemos topado...”

Templo del Salvador, s.XII-XIII, Tirgo (La Rioja). En su costado norte se incrusta, literalmente, la sacristía.
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Durante la Edad Media, la sacristía, el lugar donde la nueva religión guarda los ornamentos de culto y sus sacerdotes se revisten para las ceremonias, es un edificio separado del templo, y se compone de una o dos salas abovedadas, cuyo tamaño está acorde a la importancia del edificio religioso al que sirve. Pasado el medievo, se instituyó “la santa costumbre” de adosar, dichas estancias supletorias, al templo, generalmente entre el presbiterio y el ábside, para mayor comodidad del clero.
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[Idem ant.] ¿La mitad oculta de la rica ventana, estará todavía tras el muro de la sacristía añadida?
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Ello no habría tenido mayor importancia, si no fuese por la absurda manía que tomaron todos de levantar sus sacristías sin orden ni concierto. Es como si, a partir del tardo-gótico, se hubiese desatado una competición, del estilo de “a ver quien es el que la tiene más grande” -la sacristía, quiero decir-. En nombre de la cual, se cometieron tropelías arquitectónicas sin cuento.
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Nuestra Señora de la Antigua, s.XII, Butrera (Burgos). Sacristía adosada al sur y absurda ventana añadida.
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Así, durante siglos, destrozaron portadas, arrancaron canes de los aleros, derribaron galerías porticadas, eliminaron cruceros, mutilaron o cegaron ventanas absidales, y mil barbaridades más. Todo para añadir unos “salones” cuyo tamaño y ostentación no tenían nada que ver con la utilidad práctica que se les suponía.
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[Idem ant.] Aquí no solo se ha tapado la ventana absidal, además se la ha destrozado para superponerle otra “mas estética y práctica”.
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Estos delirios de grandeza “sacristeril”, con ser nefastos para los edificios medievales, especialmente los románicos, no fueron lo peor. La puntilla se la dio una manía contemporánea, “manía supersticiosa” nos atreveríamos a decir, la de no atreverse a tocar dichas sacristías para rescatar lo que, de medieval, permanecía oculto bajo ellas.
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A quien corresponda: No sea “supersticioso”, atrévase a elegir una línea de restauración en la que, si no se derriban las sacristías -lo que sería ideal, pero poco viable-, al menos se realicen las adaptaciones necesarias, reduciendo, rebajando, disminuyendo, para sacar a la luz y devolver, a tantos y tantos templos, una parte de la pureza de líneas que los Magíster románicos dieron a sus templos. Si no lo hiciere, sea condenado a picota y cepo, y si ello no fuere suficiente para hacerle rectificar, sea adosada a la parte más vistosa de su chalet, villa o cortijo, una “sacristía” que le haga ver en carne propia a lo que nos referimos.
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Salud y fraternidad.

martes 24 de febrero de 2009

¡Me lo copia cien veces!

Junto a los ricos templos de San Miguel y San Esteban, la localidad berciana de Corullón (León) cuenta además con el modesto San Fiz. Es, sin embargo, un buen ejemplar de románico rural, ss.XII-XIII, que no carece de elementos destacables, a pesar de saqueos y destrozos varios. No obstante ha sido restaurado, al par que señalizado. Sin embargo, de dicha señalización solo podemos decir una cosa: ¡Es una vergüenza! O mejor, un par de cosas: ¡Un robo y una vergüenza!
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El fabricante del cartel informativo, por el que habrá cobrado sus buenos dineros, no ha empleado los mejores materiales, ya que la capa de pintura se ha levantado, y el metal, al carecer de protección, presenta numerosos puntos de óxido. No ha de durar muchos inviernos más, sobre todo con el clima del Bierzo.
A tan mala calidad material, hay que añadir su mala calidad “intelectual”. Quien escribió este panel, el operario que lo hizo en el taller, digo, fue cuando menos negligente, pues se le colaron dos “gazapos” brutales. Y, seguramente, a su jefe o supervisor le pasaron inadvertidos tales “gazapos”, porque no queremos pensar que una vez descubiertos los coló de “matute”. Claro, que si lo hizo, debió ser con la cómplice estupidez del funcionario que los encargó, pues o bien no los revisó según se los entregaron, o bien no descubrió las faltas por incultura manifiesta.
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Pasen, pasen y vean los “gazapos” triscar por los prados del texto escrito:
Su planta es de una sola nace rectangular”, (debería decir “nave rectangular”).
Alero con cornisa sobre medillones sencillos”, (debería decir “modillones sencillos”).
¿Qué cultura es la que intentamos difundir, con estupideces como la presente? ¿Así pretenden, los organismos encargados de ello, educar a los ciudadanos para que amen el patrimonio?
Pero claro, estos carteles se han pagado con dineros públicos, o sea, de nuestros impuestos, por lo cual el administrador de los mismos, es, además de torpe, un mal administrador al que parece no importarle como se gasta un dinero que no ha salido de su bolsillo.
Y si alguien piensa que hay problemas más serios, para el patrimonio, que unos cuantos gazapos en los carteles informativos, tendré que darle la razón. Pero también será bueno que las “autoridades competentes” reflexionen, sobre la sospechosa abundancia de carteles con “gazapos”, porque si consentimos el desprecio de los pequeños detalles, no deberá extrañarnos luego que se desprecien también los grandes. Como decían nuestras abuelas: “Bien está lo que bien parece”.
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A quien corresponda. Haga un curso acelerado de gramática de la lengua castellana –porque de Gramática Parda, ya sabemos que va usted bien servido-, inspeccione a las empresas encargadas de elaborar los carteles, que para eso cobran sus buenos dineros, es decir, nuestros buenos dineros, y mándeles rectificar. Si no lo hiciere, vaya a picota y cepo, para que durante su estancia y arresto, nos copie cien veces los textos incorrectamente redactados, de los paneles informativos, monumentales, de toda Celtiberia.
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Salud y fraternidad.

lunes 9 de febrero de 2009

La “Cenicienta” de Caracena.

El pueblo de Caracena (Soria), es conocido por su templo de San Pedro y la preciosa galería porticada que atesora. Pero allí hay otro templo románico, el de Santa María, un hermano pobre al que pocos visitan.
Y se comprende el por qué, nadie se ha molestado en restaurarlo aunque si en injuriarlo. Sus muros enfoscados, no invitan a la aproximación. Sin embargo, si venciendo el prejuicio estético nos llegamos a él tendremos una agridulce sorpresa. Porque el edificio, a pesar de los destrozos, abandonos y saqueos, conserva todavía algunos elementos que denotan la riqueza que debió poseer. Y la riqueza que, de seguro, todavía oculta bajo capas de yesos y encalados.
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La sencilla portada sur, ha sido cobijada bajo un artificioso y rústico porche, para lo cual se han tapado parte de sus arquivoltas y columnas. Ello estropeó la portada, pero no impidió que los amigos de los ajenos “afanasen” los capiteles figurados. Eso sí, se supone que el porche ha protegido la portada del clima...
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En el ábside, enfoscado como todo lo demás, se abre una magnífica ventana, con capiteles de animales fantásticos, que sólo por las primorosas arquivoltas, de entrelazos, ya merecería una cuidadosa conservación. Sin embargo, una grieta ha partido el muro, separando los sillares, como un aviso sobre la ruina que viene.
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La portada norte, la más rica del templo, ha sido cegada con sillares, ya que da al cementerio. Antaño tuvo también su porche “protector”, pero ahora solo muestra los mechinales de las vigas que lo sostuvieron antes de hundirse. Y, como no, diversas lápidas y cruces han aprovechado justo esta zona para reposar recordando a los vecinos que ya no están.
El edificio, guarda todavía algunas otras piezas arquitectónicas interesantes, pero permanecen escondidas. Quizá salgan a la luz, cuando la ruina del templo se haga realidad y los muros, al derrumbarse muestren aquello que los siglos y las gentes ocultaron.
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A quien corresponda. ¿Tendrá que venirse abajo este templo, sin haber sido restaurado, para que los lamentos del personal le muevan a hacer algo en su favor? La lógica mercantil dice, que es en beneficio de los habitantes del lugar que aquí existan dos monumentos románicos, en lugar de uno, pues ello representará más atractivo turístico. Y usamos tal argumento monetario, por ver si eso le mueve a actuar, ya que los argumentos puramente culturales parecen hacer escasa mella en su determinación de ignorar la triste realidad de tantos y tantos monumentos. Si aún así no hiciere nada, sea condenado a picota y cepo por tiempo indefinido.
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Salud y fraternidad.

martes 3 de febrero de 2009

“Por san Blas, la cigüeña verás...”

Villanueva de la Torre, es sólo una pedanía de Barruelo de Santullán (Palencia), al norte de Aguilar de Campoo, pero en el medievo tuvo cierta importancia, como delatan el magnífico templo románico de Santa Marina, del s.XII, diversas casas solariegas con escudos heráldicos, y la cercana torre defensiva. Además, desde 1175, la villa perteneció al Monasterio de Santa María de Aguilar, durante varios siglos.
Si subimos a la torre del templo, desde el cuerpo de campanas divisaremos, hacia el sur, el torreón defensivo que, al menos en su actual estado, no datará de más allá de mediados del s.XIII, aunque se asiente sobre una edificación anterior. Poseyó un foso perimetral de protección, como se adivina por los restos conservados, así como barbacana que le permitía defender el acceso de la planta baja.
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Durante siglos, la torre ha sufrido sucesivos desmochamientos y recrecidos, que la privan hoy de una estampa más airosa, por haber perdido las hiladas superiores de sillares, con sus almenas, a pesar de lo cual aún alcanza los 15 metros de altura. De planta cuadrada, debió tener cuatro pisos separados por techumbres y suelos de madera, en los intermedios se abren sendos vanos, uno de los cuales tiene indicios de haber sustentado un cadalso. El torreón, guarda muchas similitudes con el existente en el vecino Rebolledo de la Torre (Burgos), junto a otro templo románico.
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Actualmente es propiedad particular y está “bajo la protección” de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Hablando en plata, que está abandonada a su triste suerte. Así las cosas, la torre se desmorona lentamente, pero dentro de un “marco legal”. Su interior está colmatado por los derrumbes de las plantas superiores, varias grietas crecen a lo largo de sus muros. El día menos pensado, todo vendrá al suelo y entonces allí serán los lamentos, las críticas, el arrojarse las culpas unos a otros. Entre tanto, sobre sus descuadrados sillares todavía anidan las cigüeñas del refrán: “Por san Blas, la cigüeña verás. Y si no la vieres, año de nieves”.
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Por lo que pueda pasar, no hagan caso de las guías al uso, que proclaman el “libre acceso” a la torre. Pues al menor descuido, les pueden caer encima algunos sillares o, en el mejor de los casos, una generosa ración del “guano” que derrama la colonia de cigüeñas que ha ocupado sus almenas...
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A quien corresponda: Mande ya, sin tardanza, recuperar y restaurar la Torre Fuerte de Villanueva, no sobran tantas fortificaciones en la zona como para permitirnos perder otra más. Si no lo hiciere, sea llevado a picota y cepo, o mejor aún, aherrojado a los muros de la ruinosa torre, expuesto a la lluvia de guano de las simpáticas aves zancudas, por tanto tiempo como tarde en avenirse a razones.
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Salud y fraternidad.

jueves 22 de enero de 2009

"Este galapaguito, no tiene mare..."

Santa Cruz de Retorta, ss.XI-XII (Concello de Guntin, Lugo).
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La pequeña joya, que es el templo gallego de Santa Cruz de Retorta, tenía un “defecto”. Al menos, para los habitantes del lugar que ya lo han subsanado...
Cuando lo visitamos, una amable y simpática vecina, se ofreció a enseñarnos aquello de lo que todos se sienten tan orgullosos. Un edificio románico que, “figúrense ustedes si es de mérito, que han venido hasta señores de la capital para estudiarlo”.
Abstraídos por las explicaciones de nuestra improvisada “guía rural”, sobre los tímpanos, el ábside, apenas reparamos en una especie de gran “macetón” que, conteniendo un arbusto, descansaba junto a la portada norte por la que nos introdujimos al templo.
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No obstante, al salir, fijamos nuestra mirada en aquel extraño recipiente de piedra, con su borde perfectamente labrado. Aquello parecía... ¡Una pila bautismal románica! Preguntamos a la afable vecina, la cual confirmó nuestras sospechas. Se trataba de la pila del templo. Le expresamos nuestro asombro, porque tal joya se encontrase sirviendo de macetón. Y su sencilla explicación fue: “Es que estaba junto a la puerta de entrada, y como el templo es algo estrecho, estorbaba a la hora de entrar y salir. Así que la quitamos y se puso otra más pequeña, ahí también está muy bonita”.
Si que está bonita, arrinconada, llena de verdín, como un galápago adormecido.
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"Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo hechó a la calle..."
(Federico García Lorca, Nana de Sevilla).
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A quien corresponda: ¿Puede dejarse, al capricho del personal, arrinconar una pieza de esta categoría? Y no solo arrinconar, sino dejar a la intemperie, tras convertirla en vulgar tiesto, expuesta a las tentaciones del primer “aprovechado” que le eche el ojo y las zarpas encima.
Resuelva el caso, a la mayor brevedad posible, o si no sea condenado a picota y cepo, expuesto al público oprobio y a los hechizos de las “meigas”.

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Salud y fraternidad.

martes 20 de enero de 2009

¡Si tu memoria no fue aliento mío...!

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¿Córdoba, Patrimonio de la Humanidad o de la “Urbanidad”? Esta pregunta nos ronda, desde que decidimos recorrer los monumentos medievales, de la ciudad califal, y comprobamos cómo se preocupan los munícipes locales por el “urbanismo” del casco histórico. Como muestra, valgan dos botones.
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Primer botón.
El templo románico-gótico de San Pedro, como otros de la ciudad, está sitiado por señales de tráfico verticales. Bien verticales y bien visibles:
prohibido aparcar”, “detenerse”, “estacionar”, “reservado”. Así, como indicadores de “aparcamientos cercanos”. Para postre, un precioso reclamo luminoso de “Farmacia” se nos cuela ante el objetivo, en primerísimo plano.
Bien está, que quiera defenderse el patrimonio cultural y cuidar su entorno de agresiones automovilísticas, con fines turístico-económicos, o los que mejor parezcan al consistorio municipal. ¿Pero no habría manera de situar las señales de forma menos agresiva para los monumentos?
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Segundo botón:
En la fachada sur del mismo templo, ante la portada de ese lado, si que dejan aparcar: ¡A los cubos de basura! Perdón, “contenedores de residuos urbanos”. Unos contenedores, presuntamente compatibles con el entorno, para los que se ha habilitado el correspondiente hueco en la acera. ¡Luego, están ahí de manera intencionada, “oficial” y “legal”!
El caso es que, tan sólo pocos metros más allá, pasado el ábside, existe espacio más que suficiente para colocar los tan necesarios contenedores, sin necesidad de afear los muros del templo. Porque, por mucho que en el ayuntamiento presuman de “diseño”, los contenedores afean. Sobre todo, cuando están tan llenos que, los vecinos, se ven obligados a depositar sus bolsas de basura al lado de los mismos.
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“¡Córdoba para morir!
Y loca de horizonte
mezcla en su vino,
lo amargo de don Juan
y lo perfecto de Dioniso”
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(Federico García Lorca, Poema del cante jondo).
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A quien corresponda: Menos presumir de lo que presume, menos dárselas de lo que se las da, y más respetar la memoria histórica de esta ciudad, que fue crisol de culturas y faro intelectual cuando en otros lugares, de cuyo nombre no quiero acordarme, todavía se consideraba pecado bañarse. No continúe insultando nuestra inteligencia, con falsos postulados “transpostmodernistas”, recapacite y devuelva al casco histórico su historicidad. En caso contrario, vaya a picota y cepo, hasta que el Guadalquivir vuelva a ser navegable a su paso por la ciudad de los califas.
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Salud y fraternidad.

domingo 18 de enero de 2009

Del árbol caído, todos hacen leña... y del templo caído, cantera.

Como la etimología de su nombre indica, el lugar de Brías (Soria), fue asentamiento celtíbero. Junto a el, pasaba una calzada romana, a cuyo lado se alzó, a principios del s.XII, un templo, que recibió la advocación de Nuestra Señora de la Calzada, en el cual se veneraba la imagen románica del mismo nombre.
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Cuando en 1690 se levantó la actual parroquial, de San Juan, sobre las ruinas de otro templo románico. La Virgen de la Calzada fue llevada a este nuevo edificio, barroco, y su antigua morada quedó rebajada a la humilde condición de ermita de la Soledad, título que le cuadraba bien por el entorno en que se halla. Pasaron siglos, de guerras, abandono y olvido, cayó su bóveda, se saqueó su piedra. Luego, el solar vacío entre sus muros, fue aprovechado como cementerio.
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Hasta que, modernamente, cuando en otros lugares los templos románicos se atosigan de tumbas que los invaden hasta deformarlos, aquí se vació el cementerio y se trasladó a lugar más apropiado. ¿Sirvió esto para restaurar el templo o prestarle algún tipo de atención? Nada de eso, quedó abandonado a su triste suerte, tan triste como la de aquellos difuntos que ya no tenían familiares que los reclamasen y por ello sus huesos quedaron allí, tan abandonados como las ruinas románicas.
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Pero no a todos les importaba tan poco este monumento, hubo algunos “interesados” que, con premeditación, nocturnidad y alevosía, aprovecharon para “rescatar” algunas columnas y un capitel, que representaba sirenas de doble cola las cuales, los simbólicos personajes, recogían con sus manos. Algún coleccionista, las estará disfrutando en su mansión.
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Quizá no les dio tiempo a más, o consideraron que los otros capiteles carecían de importancia, por eso todavía podemos contemplar alguno en esa portada que amenaza venirse abajo en el momento más inesperado. El peso del muro la ha deformado, sus dovelas han cedido, abriéndose, hasta dar la sensación de que el arco, en lugar de medio punto, es carpanel.
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El resto de los muros van cediendo al paso del tiempo y los elementos, la vegetación circundante come poco a poco el terreno, sube por las paredes y lo invade todo. Entre la espadaña y los árboles cercanos, las plantas trepadoras forman ya un túnel, tapizan la nave, se comen el ábside por dentro y por fuera.
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Pronto ni siquiera podrán verse los magníficos capiteles del arco triunfal, con sus escenas de juglaría, sus caballeros y esa original Nuestra Señora de la Calzada. Muy pronto, las raíces de la hiedra cuartearán la piedra, la disgregarán y todo volverá al seno de la Madre Tierra, del que surgió.
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A quien corresponda: Ponga pronto remedio a tanta ruina y desolación, mande afianzar las ruinas, como primera providencia, no consienta que un templo tan bello se pierda en el olvido. Si no lo hiciere, sea condenado a picota y cepo, hasta que la mágica Sima de Brías y la Dama encantada que mora en ella, rompan su hechizo...
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Salud y fraternidad.

domingo 4 de enero de 2009

El “Monte del Destino”

En medio de las suaves lomas sembradas de cereal, surge de pronto un lejano promontorio rocoso. Es el pétreo guardián fronterizo, sito entre La Rioja, Álava y Burgos.
Estos impresionantes colmillos de dragón, que son el risco de Cellorigo (La Rioja), conocido como “Peña Luenga” (914 m), albergó durante muchos siglos un castillo inexpugnable que custodiaba el cercano portillo de la Hoz de Morcuera, en los Montes Obarenes. Primero sirvió de puesto avanzado para las tropas musulmanas, que empujaban a los visigodos hacia el norte. Luego, cuando éstos lo reconquistaron, hacia mediados del s.IX, fue bastión para frenar las incursiones musulmanas hacia La Rioja Alavesa. Junto con el de Pancorbo, que defendía el paso a La Bureba castellana, fueron bastiones imprescindibles en los duros años de razzias cordobesas y toledanas.
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Cuando, hacia 1065, Fernando I asentó su poder sobre Castilla, entregó la estratégica fortaleza de Cellorigo a don Rodrigo Álvarez, abuelo del Cid. Y tanta fama tuvo que, en 1372, Enrique II dispuso que el castillo de Cellorigo figurase en el blasón de la ciudad de Burgos.
Aquí, los ejércitos se encontraron y destrozaron, durante varios cientos de años. Todavía hoy, cuando los labradores trabajan la tierra, suelen aflorar en los surcos restos herrumbrosos de las armas que, durante más de tres siglos, entrechocaron las tropas musulmanas y cristianas. Sin embargo, del poderoso castillo, apenas quedan entre la tupida maleza irreconocibles vestigios, de sus otrora inexpugnables muros. Aunque en el pueblo sobreviven dos torre medievales, quizá de los siglos XII-XIII, probables restos de las murallas urbanas.
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La villa crecida a su protectora sombra, llegó a ser próspera y debió tener una importante judería, pues en 1174 se nombra a Cellorigo como “castellum iudeorum”.
El templo parroquial, de San Millán, data del s.XV, -con sacristía del XVIII-, levantado sobre uno románico precedente del que no quedan restos.
En 1040 hay constancia de la existencia de un Monasterio de San Pelayo, en Cellorigo, que aparece de nuevo en documentos posteriores relacionados con Silos. Debió ser un pequeño cenobio, pero todo ha desaparecido, aunque en el lugar conocido como “Santa Muchacha” existe un cementerio medieval que pudo pertenecerle.
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Queda sin embargo la ermita de Nuestra Señora del Barrio, del s.X, con reformas del XII, en las que se conservaron el ábside recto y una portada con arco de herradura, del primitivo edificio visigótico. Además, en la parroquial, se conservan dos capiteles mozárabes, de temática vegetal, procedentes de la arruinada ermita.
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Este enclave, como "Lugar Sagrado", no surge de la nada en el medievo. Antaño hubo aquí un castro celta, y quedan por los contornos restos dolménicos, como testigos mudos del temor reverente que estas peñas suscitaban en los pueblos que se asentaron bajo su sombra protectora. La dominación romana no borró ese sentimiento espiritual, simplemente lo sincretizó, operación repetida por los visigodos.
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Por desgracia, tales sentimientos no tuvieron continuidad en tiempos recientes. El templo visigodo-mozárabe sufrió los vaivenes de la historia, pero fue restaurado durante el periodo románico y empleado, como santuario de Nuestra Señora, durante muchos siglos. Luego, el abandono, el olvido y el desprecio dieron con sus piedras por el suelo.
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Donde los celtíberos veneraron las Deae Matres, los romanos la Magna Mater, y quienes vinieron luego a Nuestra Señora, reinan ahora las zarzas y arbustos del monte. El templo se deshace y vuelve al seno de la Madre Tierra, para quien fue levantado...
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En la parroquial, alguien, con mejores intenciones que medios, guardó dos capiteles del templo mozárabe, quizá del arco de herradura que sobrevive en el muro norte, o de alguna portada ya perdida. Estos pobres restos, nos hablan de un edificio de cierta entidad que hubo de tener una regular importancia.
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[Las fotos de los capiteles mozárabes debemos agradecerlas a la magnífica página de internet, sobre románico riojano:
a cuyo autor hemos solicitado permiso para reproducirlas].
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A quien corresponda: ¿Permitirá que un edificio de tan larga tradición, e intensa historia, desaparezca convertido en polvo? ¿Es posible que le importe tan poco el sentimiento espiritual, que en esta Peña de Cellorigo se manifiesta, llámese Madre Tierra o Nuestra Señora?
Si no pone pronto remedio a tanta ruina y desolación, sea condenado a picota y cepo, hasta que los riscos de Cellorigo se desmoronen y conviertan en lisa llanura.
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Salud y fraternidad.

viernes 19 de diciembre de 2008

¡Feliz solsticio de invierno!

¡Que el nuevo ciclo solsticial despierte la conciencia de "Quien Corresponda", para que la picota y el cepo caigan en desuso! ¡Con nuestros mejores deseos, para que la Madre Tierra sea favorable a todos!
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Salud y fraternidad.

lunes 15 de diciembre de 2008

“La conjura de los necios...”

En la muela rocosa, sobre la que se alza Balaguer (Lleida), conocida como el Pla d’Almatà [del árabe: lugar fuerte, protegido], se edificó la alcazaba musulmana y la mezquita aljama. Cuando la ciudad fue reconquistada, hacia 1105, en el emplazamiento del templo musulmán se levantó uno cristiano: Santa María d’Almatà, en honor de la patrona del lugar, la Mare de Dèu del Miracle.
De esta imagen que, dicen, era una Virgen Negra, aunque el original se ha perdido, cuenta su leyenda que fue encontrada por una musulmana. La mujer labraba un huerto, que había pertenecido a unos judíos, y con un golpe de azada sacó la imagen a la luz. Para quitarle la suciedad, la sumergió en el pozo, cuyas aguas adquirieron, al instante, poderes curativos.
Este templo, erigido como parroquia mayor, era el más importante de Balaguer y un centro de peregrinación para la comarca, por lo que sufrió algunas reformas y ampliaciones en el s.XIII, aunque conservó su estructura románica.
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Sin embargo, en 1351, al trasladarse el centro de la población a la parte baja del cerro por el aumento de sus habitantes, la sede parroquial y la Mare de Dèu del Miracle fueron trasladadas al nuevo templo de Santa María “lo Campanar” (1351-1558). El viejo templo de Santa María d’Almatà, despojado de su principal atractivo, la Virgen Negra, fue convertido en capilla del Monasterio de Clarisas.
Hacia primeros del s.XV, para salir de la decadencia y recuperar el protagonismo, se convirtió el viejo templo en santuario del Sant Crist. Una imagen del crucificado, cuya leyenda parece sospechosa adaptación de la típica de una Virgen Negra: El cristo es comenzado por Nicodemo, en Jerusalén, aunque el rostro es obra de los ángeles; queda sepultado en el sótano de una casa, en Beirut, que compra un judío, el cual se convierte al ver sangrar la imagen que acaba de apuñalar. Cuando llegan los musulmanes, arrojan la imagen al mar, y navegando sobre el Mediterráneo llega a remontar el Ebro, luego el Segre, para detenerse ante Balaguer.
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La imagen no consintió ser sacada del agua, hasta que la priora de las Clarisas se acercó y la tomó en sus brazos. Así, este cristo del s.XV ocupó la que fuera casa de su madre, en el Pla d’Almatà, para dar nuevo esplendor al lugar.
En 1617 empezó a construirse el nuevo templo, para albergar al Sant Crist de Balaguer, cuya devoción barroca pronto había superado a la medieval de la Virgen Negra. A lo largo de los siglos, el edificio sufrió reconstrucciones diversas, por causa de guerras y revoluciones, hasta que en 1920 adquirió su forma actual. Todo ello causó la práctica desaparición de los elementos románicos del primitivo templo, tan sólo se salvó la que fue su fachada occidental, con un bello rosetón y una sencilla portada. Además de parte de la nave, con bóveda de medio punto, y una capilla lateral.
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En 2007, la Generalitat de Catalunya ha declarado el yacimiento arqueológico del Pla d’Almatà, Bien Cultural de Interés Nacional. Porque se trata de un yacimiento andalusí, único en Cataluña. Y eso está muy bien.
Sin embargo, los restos románicos de Santa María, sitos pocos metros más allá, parece que carecen de valor para las autoridades "competentes". Están abandonados a su suerte, a su mala suerte. La puerta tapiada, sus sillares carcomidos por la erosión. El precioso rosetón, cegado, cayéndose a pedazos. ¿Un castigo de la Virgen Negra, por haberla desalojado de su santuario?
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A quien corresponda: Sea usted condenado a picota y cepo, por el abandono y dejación a que ha sentenciado estos restos románicos. Sin remisión de pena, hasta que no los revalorice y mande restaurar.
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[Agradecemos al amigo Rubén Oliver el envío de estas fotos, para poder denunciar el estado de abandono en que se encuentran los restos del que fue principal templo medieval de Balaguer].
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Salud y fraternidad.

domingo 7 de diciembre de 2008

La puerta del destino, sin futuro...

Templo de San Miguel, s.XIII, Caltojar (Soria) [Fotos 31 de octubre de 2008].
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El cierzo, la lluvia, el hielo, y la incuria humana, están acabando con la puerta norte del templo de San Miguel, en Caltojar (Soria). Una puerta, ahora sin destino ni futuro.
Esta portada, obra quizá de fines del s.XII, se desmorona lentamente. Hace mucho que fue tapiada, cuando la gran reforma del templo en el s.XVIII. Lo malo es que su abandono como lugar de paso, ha ido parejo a su abandono con elemento monumental.
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Total, es una “vulgar” portada con sencillos capiteles de volutas, ésas que tanto abundan en los capiteles interiores y en las marcas de cantero de sus sillares. ¡Bah, una “simpleza” cisterciense! ¿A quién puede importar algo así? ¡Si al menos tuviese imágenes esculpidas!
La piedra se agrieta, estalla, salta en lascas, cae al suelo y es barrida. La culpa es del clima, dicen, y claro, como el clima no puede defenderse... Así se deshacen capiteles, columnas, pilastras y arquivoltas. ¡Qué clima tan malo...!
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A quien corresponda. ¿Van a esperar que ese clima se cebe en otras partes del templo, antes de empezar a pensar en hacer algo? Por no haber puesto freno al deterioro de esta portada, ni cuando el “maldito clima” empezó a hacer de las suyas, ni cuando arreció en su destrucción, ni ahora que el remedio se hace difícil, vaya usted a picota y cepo, por tiempo indefinido, a ver si “el clima” obra en su piel los mismos efectos que en la piedra de Caltojar.
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Salud y fraternidad.

jueves 27 de noviembre de 2008

“¡Existir o no existir, ésta es la cuestión!”

El 17 de febrero de 2008 hacíamos una entrada, en este blog, referida a la futura resturación del templo de Nuestra Señora del Vallejo, en Alcozar (Soria). Ahora parece que la cosa avanza, lentamente, pero avanza. Se ha desescombrado lo caído, desmontado lo ruinoso, apuntalado lo poco que se mantiene en pie y acumulado los materiales aprovechables.
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En el interior se elimina el material de relleno, para recuperar el nivel original del piso y sacar a la luz posibles elementos arquitectónicos enterrados.
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En el exterior (lado oeste), se ha nivelado el terreno circundante. Ello ha permitido descubrir una serie de niveles cronológicos, desde la roca base. El muro norte, es en realidad una galería porticada de siete arcos, cegada en el s.XVII para añadir otra nave al templo.
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Arco en el lado este, de la galería porticada, el único que permanece exento y nos da idea de su geometría original.
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Emparedados dentro del muro, del s.XVII, permanecen los capiteles y columnas de la galería románica, con sus arcos.
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La portada del templo, al menos una parte de ella, se encuentra en un edificio del pueblo. Bueno se encontraba, porque la casa a la que fue llevada en el s.XVII ha sido derriba. Hoy es un decorado vacío, ante un solar. ¿Tendrán el valor de reintegrarla al templo al que pertenece? ¿Sucumbirán, quienes tienen autoridad para reclamarla, ante los "derechos adquiridos" por los dueños del solar?
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Como en tantos lugares, el cementerio anejo se obstina en pegarse al templo. Durante los últimos años nuevas tumbas han crecido a su sombra, ni siquiera el peligro de desplome ha disuadido, a los pertinaces familiares, de enterrar junto a los ruinosos muros del ábside.
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Un interesante descubrimiento, ha sido el hallazgo de diversos enterramientos superpuestos, correspondientes a varias etapas, bajo el perímetro exterior de los muros del templo, en sus lados sur y oeste (faltan por excavar, el norte y la mayor parte del sur, el este quedará inédito pues lo ocupa el cementerio moderno).
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En el estrato superior, se encuentra una acumulación de huesos, revueltos, que parece producto del vaciado de tumbas antiguas y la creación de una fosa común. Realizada quizá, al tiempo de reformar el templo en el s.XVII.
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En el estrato inferior, sobre la roca base, se encuentran una serie de tumbas antropomorfas medievales, de adultos y niños, donde han aparecido esqueletos casi completos.
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Al lado de las anteriores, hay diversas tumbas de lajas, también con restos óseos bastante bien conservados. Ambos tipos de enterramiento, parecen proceder del periodo románico.
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¿Qué se pensará hacer con tales restos? ¿Dejarlos donde están y cubrirlos piadosamente de tierra y olvido, o habilitar algún tipo de estructura que permita su contemplación?
Las vacías cuencas, de esta anónima humanidad medieval, nos contemplan sin vernos pero parecen querer decirnos algo...
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Estos reyes poderosos
que vemos por escripturas
ya pasadas,
en casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas:
así que no hay cosa fuerte;
que a papas y emperadores
y prelados
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.
(Jorge Manrique, A la muerte de su padre, s.XV).
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A quien corresponda: ¿Nos obsequiará, una vez más, con la típica chapuza del "quiero y no puedo", propia de la estulticia política aunada con los turbios manejos económicos? O por el contrario, ¿tendrá "lo que hay que tener" y la restauración-reconstrucción devolverá, en la medida de lo posible, el pasado esplendor que tuvo este templo románico? ¿Tendremos la oportunidad de disfrutar de su galería porticada, restituida y liberada? ¿Primará en todo el trabajo el aspecto románico, o se preferirá el pastiche ecléctico? ¿Se incluirán elementos "de diseño", en metal, vidrio, y plásticos de última generación, o se respetarán los materiales originales?
Muchos son los interrogantes y los temores que nos acosan, al respecto, pero mientras llega el momento de la dolorosa realidad, nos abstendremos de enviarle a la picota por mor del beneficio de la duda. Aunque, por sus muchas y nefatsas actuaciones anteriores, no se lo merezca en absoluto.
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Salud y fraternidad.

domingo 9 de noviembre de 2008

“Templos, tumbas y... ¿sabios?”

Templo de Santa Marta de Tera (Zamora). Perspectiva norte, a la derecha el Palacio de los Obispos de Astorga (1603). [Foto 20 julio 2008].
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Hace pocos meses, los "sabios, cultos, inteligentes y capacitados" administradores, del Patrimonio Cultural Nacional, han dado orden de emprender la restauración del templo románico de Santa Marta de Tera (Zamora), elevado hacia 1077, y del Palacio Episcopal anejo (de 1603).
Este magnífico edificio, muestra singular del saber constructivo y simbólico de los Magíster que levantaron el primer románico, conserva todavía elementos de su transición desde el mozárabe, -está levantado sobre un monasterio visigodo del s.VI- al par que secretos muy bien guardados. No obstante, ha sido puesto en peligro, una vez más, por la incompetencia de quienes debían protegerlo.
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El Palacio de los Obispos de Astorga, adosado a la fachada oeste del templo. [Foto 20 julio 2008].
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Se trata de otro de esos “templo-cementerio” al que, en los últimos tiempos, han elegido como favorito los habitantes de la comarca, para depositar los restos de sus parientes difuntos. La cosa no tendría mayor importancia, si los responsables, visto el reducido tamaño del terreno disponible para inhumaciones, hubiesen impuesto un cupo no invasivo del monumento y, una vez cubierto, hubiesen habilitado otro lugar del municipio para camposanto.
Pero no, los “responsables” han dejado hacer a su antojo. El pequeño recinto, primero se ha llenado, luego amontonado y después saturado, con tal cantidad de tumbas, que actualmente éstas ocupan hasta el último palmo de tierra disponible. Se pegan a las tapias del recinto, obstruyen la portada sur, acosan los muros románicos, cercan el ábside y se estorban entre sí, de tal manera, que hay que pasar de lado entre ellas. ¿Qué será lo siguiente, tener que tirar las flores desde fuera del murete, a ver si con suerte caen en la lápida elegida, porque será imposible la circulación entre éstas? Ya solo falta que las coloquen unas encima de otras, como una Babel de sepulcros.
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Perspectiva sureste, hace nueve años, relativamente “cargada” de tumbas. [Diapositiva 22 agosto 1999].
Nueve años después. La misma perspectiva, más o menos, porque las tumbas impiden cualquier otro ángulo de visión. [Foto 20 julio 2008].
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La cosa, con ser grave por absurda, es además antiestética y peligrosa para el edificio románico. Las tumbas, especialmente las más cercanas a los muros, recogen el agua de lluvia y producen en los cimientos del templo peligrosas filtraciones y asentamientos del terreno no deseados. ¿Qué se hace para evitarlo? Muy sencillo, lavar la cara del edificio, acondicionar el pequeño Palacio Episcopal con fines turístico-culturales y, eso que no falte, colocar enormes carteles anunciando a bombo y platillo el quién, cómo, cuándo y por cuánto, de la obra -Bueno los carteles todavía tendrán que esperar a que la obra esté finalizada, pero ponerlos, los pondrán-.
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¿El templo de Santa Marta: Casa del dios o casa de los difuntos? [Foto 20 julio 2008].
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Aunque quizá estemos equivocados, tal vez el amontonamiento de tumbas, acosando el románico templo, no sea producto de una dejadez oficial. ¿Y si se trata de un hapenig artístico-monumental para atraer turistas? ¿Formará parte de una campaña promocional para difundir el románico funerario? ¿O será que esa tierra, aparte de sagrada, es milagrosa y por ello todos los deudos se afanan en que sus parientes reposen en ella?
Pero tenemos una sospecha. ¿No será que las autoridades “competentes”, por dejadez, desidia, o... lo que sea, no quieren habilitar otro lugar más cómodo donde dar reposo eterno a sus convecinos?
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Perspectiva sur, nave y brazo del crucero, bajo los andamios. [Foto 20 julio 2008].
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A quien corresponda: Vista su incongruente actuación, restaurando por un lado, para que acudan los vivos, y dejando que el templo sea sepultado por el cementerio circundante, para que acudan los difuntos. Queremos hacerle una pregunta muy sencillita: ¿Qué sucederá, cuando este “overbooking funerario” llegue a su clímax? ¿Ah, que no lo sabe? Pues vamos a darle una idea, que puede propagar como propia y digna de la reconocida inteligencia de usía: Cuando las tumbas acaben adosadas al edificio y los nichos impidan, no sólo su contemplación, sino incluso su acceso, pueden desmontar el templo, piedra a piedra, y trasladarlo a lugar más saneado.
Mientras eso tiene lugar, vaya usted a la picota y sea puesto en el cepo, sin que pueda redimirse en esta vida, y en la otra merezca ser sepultado en un cementerio tan saturado como éste.
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Salud y fraternidad.

lunes 3 de noviembre de 2008

Fiesta de Samhain - Festividad de Todos los Santos - Halloween: "Justicia poética"

La "Festividad de Todos los Santos", impuesta por la nueva religión que, a sangre y fuego, hizo desaparecer la Antigua Religión céltica, suplantaba el festival de Samhain que, en los pueblos celtas, celebraba el cambio de año y el recuerdo a los espíritus de los antepasados.
Desde el siglo IX hasta el XIX, la fiesta de Samhain languideció en el olvido, recordada apenas por algunos pequeños grupos. Hasta que, hacia 1840, con la llegada masiva de irlandeses a Estados Unidos de América, renació allí la celebración de los Espíritus Ancestrales, en la fiesta ahora conocida como Halloween, contracción de la expresión inglesa "All Hallow's Eve": "Víspera del Día de los Santos". Que sólo tiene de "santa" el nombre, pues todas sus expresiones: disfraces, dulces, calabazas iluminadas, proceden del viejo festival celta de Samhain.
Para mas "inri", el folklórico "tópico" Halloween, típicamente "americano", se ha internacionalizado. Es como si los viejos espíritus celtas se hubiesen burlado de la nueva religión, propiciando el renacimiento de una importantísima fiesta de la Antigua Religión.
Es como si la Madre Tierra celta hubiese puesto en la picota al cruel clero de la nueva religión. Justicia poética...
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Salud y fraternidad.