viernes, 7 de marzo de 2008

¡Blanco por fuera, románico por dentro! ¿Qué cosa es?

Templo de San Nicolás, s.XII-XIII, encalado como un cortijo andaluz. Lastras de Teza (Burgos).
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Templo de Santa María, s.XII, su sabio simbolismo románico ha sido "embellecido" con cal. Castelo (Taboada, Lugo). [Diapositiva 19 septiembre 1987]..
Una "tradición ancestral", común a muchos pueblos de la geografía celtíbera, es el "blanqueo" de los templos románicos. En el sentido más literal. Aplican con generosidad una gruesa capa de cal, en diversas modalidades: únicamente al ábside, o a todo el edificio, bien a ventanas y/o portadas, tanto al interior como al exterior, sobre capiteles esculpidos, tímpanos o arquivoltas.
En tiempos pretéritos, la justificación era que la cal tenía un valor profiláctico, pues "mataba las miasmas" -hoy diríamos microbios-, causantes de diversas epidemias. En fechas más recientes, se alegaba que el encalado cubría la fealdad de humedades y deterioros varios.
Ambos conceptos, son prejuicios tópicos, difíciles de erradicar del imaginario colectivo, y es todavía demasiado corriente que vecinos bienintencionados, con la complicidad de párrocos desinformados, continúen aplicando en los templos, capa sobre capa, "protectoras" lechadas de cal.
A quien corresponda. Se ruega informe y eduque a los fieles, usuarios de templos románicos, sobre elementales normas de conservación en las que no intervenga la cal. Aunque bien es cierto, que si las autoridades "competentes" se preocuparan un poco del mantenimiento corriente, de los edificios románicos, los vecinos, con más buena intención que conocimientos, no tendrían que recurrir a tan expeditivo método. Si no lo hiciere, sea puesto en picota con cepo, mantenido con pan duro y agua de pozo.